Introducción
Cuando decides formalizar un negocio, uno de los primeros pasos es escoger el tipo de empresa que vas a constituir. En Perú, existen varias opciones: EIRL, SRL, SAC, SA y la más reciente, la SACS (Sociedad por Acciones Cerrada Simplificada). Aunque todas permiten operar legalmente, cada una tiene particularidades que pueden influir en tu decisión, dependiendo de tus objetivos, recursos y estructura empresarial. En este artículo te explicamos las principales diferencias entre la SACS y otras formas de empresas para que elijas la que mejor se adapta a tu emprendimiento.
¿Cómo se diferencia la SACS de otras formas jurídicas?
A diferencia de otras denominaciones empresariales, la SACS está diseñada con un enfoque de simplicidad y eficiencia. Por ejemplo, no requiere un proceso presencial ante notario, lo que representa un ahorro importante en tiempo y costos. Además, se puede constituir con un solo accionista o hasta veinte, sin necesidad de directorio ni complejas estructuras internas.
Por el contrario, las formas tradicionales como la SAC, SRL o SA requieren más trámites: necesitas escritura pública, intervención de un notario, pago de derechos registrales y, en algunos casos, estructuras más formales como directorios y juntas generales obligatorias.
Otra gran diferencia es la facilidad para constituirla. Mientras una SAC o SRL puede tomar entre una y dos semanas (o más) para estar completamente operativa, una SACS puede estar lista en menos de 72 horas, siempre que se cuente con los requisitos digitales (como firma electrónica).
¿Qué pasa con la EIRL, SRL, SAC y SA?
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La EIRL (Empresa Individual de Responsabilidad Limitada) está pensada para una sola persona natural, sin socios. Es útil para quienes emprenden solos, pero su constitución sigue siendo presencial y más limitada en cuanto a crecimiento o entrada de nuevos socios.
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La SRL (Sociedad de Responsabilidad Limitada) permite tener hasta 20 socios, pero no trabaja con acciones sino con participaciones. Cambiar de socios o transferir participación puede ser más complicado y menos flexible que en la SACS.
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La SAC (Sociedad Anónima Cerrada) sí trabaja con acciones, lo que facilita la transferencia de propiedad, pero su proceso de constitución es más tradicional y costoso. Además, aunque flexible, sigue siendo más formal que una SACS en estructura y gobierno interno.
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La SA (Sociedad Anónima) es la forma más robusta y formal. Está pensada para grandes empresas, con estructuras más exigentes y con la posibilidad de abrirse a la bolsa. No es una opción recomendable para pequeños emprendimientos por su complejidad y costos asociados.
¿Cuándo conviene elegir una SACS?
La SACS es ideal si:
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Quieres iniciar tu negocio rápido y sin trámites presenciales.
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Estás empezando solo o con pocos socios.
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Buscas reducir costos legales y notariales.
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No necesitas una estructura empresarial compleja.
En cambio, si tu empresa está en un sector regulado, busca financiamiento externo importante o planea crecer a gran escala con muchos socios o inversionistas, puede que una SAC o SA sea más adecuada.
Conclusión
La llegada de la SACS ha sido un gran paso hacia la democratización del emprendimiento formal en el país. Permite a miles de personas dar el salto de la informalidad de manera rápida, económica y segura. Sin embargo, no es una solución universal. Cada tipo de empresa tiene ventajas y limitaciones, y la mejor decisión dependerá de tus necesidades actuales y tu visión a futuro. Si estás por constituir tu empresa, infórmate bien, compara las opciones y, si es posible, asesórate con un contador o especialista legal para asegurarte de tomar la mejor decisión desde el inicio.